La Creación de Adán: simbolismo oculto, geometría sagrada y polaridad en el arte del Renacimiento

La creacion de Adan. Miguel Angel

La Creación de Adán: simbolismo oculto, geometría sagrada y polaridad en el arte del Renacimiento

Tanto Miguel Ángel como Leonardo da Vinci crearon obras que trascienden lo religioso. Bajo la superficie bíblica aparecen patrones de geometría sagrada, simbolismo gnóstico, arquetipos espirituales y una comprensión profunda de la psicología humana.
En este artículo me he tomado la libertad de hacer mi propia interpretación y te propongo que exploremos los mensajes ocultos en obras como La Creación de Adán, un fresco de Miguel Angel representado en la capilla Sixtina y La Última Cena, obra de Leonardo da Vinci. 
Desde mi punto de vista, ambas podrían coincidir en algunos mensajes y transmitir un conocimiento similar sobre la naturaleza del ser humano, la chispa divina y el proceso de despertar de la conciencia.

El “cerebro divino” en Miguel Ángel y el Patrón de la Creación

En 1990, Frank Meshberger identificó que la forma que rodea a Dios en La Creación de Adán coincide con la anatomía del cerebro humano. Más allá de la lectura médica, esta forma puede entenderse como una representación del Patrón de la Creación: las 13 esferas que componen la estructura de la sexta dimensión en la geometría sagrada.

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Estas esferas han sido asociadas a los Elohim, un grupo de potencialidades —seis positivas y seis negativas— disponibles para el ser humano en la dimensión física, para ser desarrolladas, integradas y perfeccionadas a lo largo de la experiencia vital. Cada vida activa un conjunto diferente de estas esferas, que se convierten en los retos y aprendizajes que el ser humano debe transitar.

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En muchas culturas alrededor del mundo se ha identificado la geometría como el lenguaje de la creción en la dimensión física. El cubo de metatrón es la figura por excelencia que contiene todas las formas geométricas. En esta imagen, la esfera central correspondería al vacío, al trece, a la trascendencia, el origen. Las doce esferas del perímetro integradas todas ellas dentro de este cubo de metatrón son los aspectos o potencialidades a desarrollar por el ser en la tierra, seis de luz y seis de oscuridad.

El trece lo completa el vacío, el origen, la fuente. Este orden ha sido representado en la geometría sagrada (12 esferas en el perímetro, 1 en el centro). 

El número 13 lo completa el vacío, el origen, la fuente de la cual todo emana.
Este patrón aparece repetido en múltiples tradiciones antiguas: 12 en el perímetro, 1 en el centro.

Y aquí surge algo sorprendente:
Si contamos las figuras que rodean al Creador en el “gran cerebro” pintado por Miguel Ángel, obtenemos también doce y, con el Creador, trece.

Dios como el centro creador (esfera 13)

Desde la visión gnóstica, la creación de la materia nunca fue un acto exclusivamente masculino.
El origen se describe como un gran mar, un vacío fecundo (Bythos). Del silencio primordial surgió el Pléroma: un sistema sustentado por pares de eones, masculino y femenino. Ninguna polaridad estaba por encima de la otra en cada par: creaban en conjunto, como unidades completas de un mismo principio eterno.

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En este esquema simbólico:

Sorprende que abraza a una mujer.

Dios representa la fuente, el punto central que sostiene la totalidad.

Desciende para crear la materia adoptando figura humana, quizá anciana para simbolizar sabiduría.

Sin este silencio y sin este mar, representado por el grial, el útero, la gran madre, era imposible crear nada. El sonido necesitó del agua de ese mar para poder expandirse.

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¿Esto por qué es importante?

Porque el grial simbólicamente está dibujado en negativo. La V se dibuja entre las manos de Adán y el Creador masculino. Así Miguel Angel ocultó al sagrado femenino que muchas culturas en la antigüedad reconocían como portales de creación y las veneraban por su poder, por esta capacidad, crear vida. El resto de la historia en el cristianismo ya la conocemos…

A la mujer se la silenció y las que iban en contra de la corriente, como María Magdalena u otras aliadas, se las tachaba de otra cosa. Siempre han utilizado los poderes las mismas patéticas herramientas para silenciar lo femenino. No han sido muy originales, pero sí efectivos, tachar a cualquier mujer que osara hablar verdades, acusándolas de prostitutas, brujas o peligrosas.

Las doce figuras del “gran cerebro”: eones, esferas y potencialidades

Si aceptamos esta interpretación, las figuras que acompañan al Creador serían las 12 esferas o emanaciones equivalentes a:

  • Los eones gnósticos.
  • Los arquetipos positivos y negativos de la experiencia humana.
  • Los principios de conciencia.

Son “recursos” espirituales que la creación pone a disposición del ser humano para que cada uno —desde su punto de vista único— los desarrolle, los experimente y los integre.
Así, el individuo se convierte en cocreador de su realidad.

Adán como iniciación: la pasividad que recibe la chispa divina

Adán aparece musculado, adulto, pero con genitales casi infantiles. Lejos de ser un error anatómico, podría representar simbólicamente su estado espiritual temprano.

Su chakra raíz —supervivencia, miedo, conexión a tierra— aún no está maduro.
La obra no trata del libre albedrío, sino el momento en que el ser recibe la chispa para conseguir ser creado materialmente.

La V entre los dedos: el Grial como receptáculo sagrado

Entre los dedos de Dios y Adán se forma una V, símbolo universal del vaso y del Grial.
Es el espacio donde lo divino entra en la materia, como un útero energético.
La polaridad activa, energía dadora de un creador que desciende a la dualidad como un hombre sabio y anciano, toca la polaridad femenina, representada por el brazo izquierdo extendido de Adán (además en actitud receptiva). Así se crea vida. Sorprende que si Adán es creado por el vacío que representa la Creación haya sido pintado con ombligo, cuando es necesario un útero y un cordón umbilical para un nacimiento de este tipo. Esto oculta la información de que para su origen utilizó un sagrado femenino, el grial representado en negativo. Dejó pintado un portal de nacimiento que colocó justo encima de la figura de Adán, quedando él en la parte inferior, similar cómo podría haber sido un parto real.

Al igual que hizo Leonardo da Vinci en la Última cena, representando el Grial entre María Magdalena y Cristo. Sería un símbolo oculto que el artista utilizó dado que no podía pintar explícitamente a la mujer como fuente cocreadora de la realidad física. Los dedos no se tocan físicamente, sino en su capa etérica. Es la primera capa del aura, el doble energético del cuerpo físico. Es un símbolo de que primero es la energía, la chispa divina y después la materia. El Creador no necesita tocarle físicamente, sino en lo sutil.

Por qué Adán extiende la mano izquierda: simbolismo de polaridad y corazón

La mano izquierda, en la tradición esotérica —egipcia, kabalística, hermética— está asociada a lo femenino, lo receptivo, lo lunar, la tierra, la introspección…

Además las manos eran símbolos del reflejo del corazón. Los dedos de las manos se asociaban a este centro energético donde se mezclaban las energías positivas y negativas, cósmicas y de tierra, lo sutil con la material, lo masculino con lo femenino, lo activo con lo pasivo…

La derecha se asocia a lo activo y penetrante; la izquierda, a lo receptivo y contemplativo.
Si Dios extiende su mano derecha (energía activa), Adán necesariamente debe extender su izquierda (energía receptiva) para que la transmisión sea coherente.

2. El corazón y la memoria espiritual

El corazón era visto como el órgano que “recuerda” el origen divino. Adán extiende la mano izquierda para conectar la energía pasiva, femenina y el corazón. Coincide con la actitud de su mano. La creación le da acceso a la mente, que conecta con el corazón de Adán.

La conexión no es física, sino etérea: la chispa se transmite a través del campo sutil. La distancia entre los dedos refleja el cuerpo etérico, primera capa del aura.

3. Dios desciende a la polaridad humana

Aunque Dios es unidad sin dualidad, en la pintura adopta esta polaridad para poder acercarse al hombre.
Su brazo derecho es el puente entre el Pléroma (o el “gran cerebro”) y el corazón de Adán.

De este modo, la escena no muestra a un ser pasivo y otro activo por jerarquía, sino dos polaridades que se complementan para producir vida consciente.

El gran creador entrega todas las potencialidades a Adan, su creación para que sea él mismo, es decir, que Adán se convierta en Dios en la Tierra. Estas potencialidades representadas a menudo como esferas, aparecen en muchas culturas como aspectos del ser que pueden ser desarrollados. Dependerá de la perspectiva del individuo convertirse en el creador de su realidad y materializarla. Los eones, esferas, potencias… según la corriente podemos encontrar diferentes interpretaciones pero en lo básico se unen, actuarían como los colores en la paleta de un pintor, los que utilizaría para su creación pictórica. También se puede interpretar como los materiales que un constructor o un escultor tienen a mano para crear su obra o su escultura.

El mensaje parece claro en este sentido, la gran mente, la creación entrega al individuo todas las esencias (esferas, eones) para que cree su propio mundo. Se convierte así en cocreador, para ello ha de activar el corazón,

El número 13, el creador, es la unidad que trasciende al ciclo de 12. Cuando se ha integrado todo el aprendizaje de las doce potencias se vuelve al vacío o al origen, al trece.

Conclusión: dos obras, un mismo mensaje espiritual

1920px-Michelangelo_-_Creation_of_Adam_cropped-1024x465 La Creación de Adán: simbolismo oculto, geometría sagrada y polaridad en el arte del Renacimiento
La creacion de Adan. Miguel Angel
1920px-The_Last_Supper_-_Leonardo_Da_Vinci_-_High_Resolution_32x16-1024x512 La Creación de Adán: simbolismo oculto, geometría sagrada y polaridad en el arte del Renacimiento

Uniendo estas lecturas, ambas obras cuentan la misma historia con lenguajes visuales distintos:

  • El Pleroma o cerebro divino → la plenitud de posibilidades del ser.
  • Adán → el ser humano que inicia su despertar.
  • La mano izquierda → el corazón que recuerda su origen.
  • La V del Grial → el útero energético donde entra la chispa divina.
  • Los 12 acompañantes y los 12 apóstoles → las esferas de la experiencia humana. Los elohim, las seis entidades de luz y otras seis de oscuridad. 
  • La figura femenina → el principio creativo original o el concepto de sagrado femenino.
  • El número 13 → el origen, el centro, la estructura, la conciencia que sostiene todo.

Ambos artistas parecen sugerir que la creación es un camino:
un proceso en el que ser humano recuerda su origen, crea y expande su realidad, integra sus potencialidades y se convierte en cocreador de su propia experiencia.

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